Qué buen símil, la stracciatella!! Leyendo tu post sobre los materiales compuestos me ha venido a la mente un fragmento de cerámica cualquiera: ibérico, fenicio, griego, romano, islámico, etc. ¿A quien se le ocurriría, mientras estaba cociendo barro, que si le añadía ciertos materiales a la masa (desgrasantes) la cerámica conseguiría más propiedades?. Y a partir de esa primera persona que lo experimentó, cuando observamos la pasta de una cerámica a la lupa o al microscopio, podemos ver fibras vegetales, trozos de huesos machacados, minerales (cuarzo, yeso, feldespato, mica, …), algunos de los cuales pueden informarnos incluso de la procedencia del objeto! Componentes básicos en la conformación de una magnífica ánfora viajera por el Mediterráneo, pero que a simple vista no pueden detectarse…
Paloma!, muchas gracias por tu comentario. Me alegro de que te haya gustado el símil, que en realidad no es tal porque la stracciatella es, de hecho y por derecho, un material compuesto. 🙂
La pregunta de a quién se le ocurrió en primer lugar hacer esto o aquello es recurrente en ciencia, y en muchos otros aspectos de la vida. ¿A quién se le ocurrio por primera vez comerse una patata?
En el caso de la cerámica yo siempre me he imaginado que un grupo de sapiens (confieso que no puedo ubicarlo en el tiempo) tras un festín, removiendo los restos de una hogera descubre que se ha formado un material duro en el fondo, como consecuencia del calor aplicado a los materiales arcillosos del suelo. De ahí en adelante, prueba y error hasta nuestros días, porque en el caso de la cerámica el método científico se ha aplicado al revés, una vez dominada la tecnología y con intención de entender qué ocurría en el proceso.
Y en efecto, cada maestrillo usaba su librillo para elaborar la cerámica, con la suerte de que ahora podemos identificar muy bien qué componentes se usaron, la temperatura a la que se llevaron y la atmósfera en la que se trataron. Y esto, claro, nos suele llevar hasta el maestrillo en cuestión. Incluso puede redefinir las fronteras entre los tipos de creaciones, abriendo debates en torno a si una u otra obra pertenece a un estilo u otro.
Ah, por cierto, espero que acostumbrada a medir el tiempo en eones, disculpes el retraso de esta respuesta!
[…] de cálculo de los ordenadores, ha sido desvelada. Estamos ahora más cerca de poder imitar este nanocomposite natural que teníamos tan a mano. ¿A que eso de copiar ya no suena tan mal? Bookmark on […]
3 comentarios
Paloma Vidal Matutano dice:
1 Nov 2012
Qué buen símil, la stracciatella!! Leyendo tu post sobre los materiales compuestos me ha venido a la mente un fragmento de cerámica cualquiera: ibérico, fenicio, griego, romano, islámico, etc. ¿A quien se le ocurriría, mientras estaba cociendo barro, que si le añadía ciertos materiales a la masa (desgrasantes) la cerámica conseguiría más propiedades?. Y a partir de esa primera persona que lo experimentó, cuando observamos la pasta de una cerámica a la lupa o al microscopio, podemos ver fibras vegetales, trozos de huesos machacados, minerales (cuarzo, yeso, feldespato, mica, …), algunos de los cuales pueden informarnos incluso de la procedencia del objeto! Componentes básicos en la conformación de una magnífica ánfora viajera por el Mediterráneo, pero que a simple vista no pueden detectarse…
Pablo dice:
28 Nov 2012
Paloma!, muchas gracias por tu comentario. Me alegro de que te haya gustado el símil, que en realidad no es tal porque la stracciatella es, de hecho y por derecho, un material compuesto. 🙂
La pregunta de a quién se le ocurrió en primer lugar hacer esto o aquello es recurrente en ciencia, y en muchos otros aspectos de la vida. ¿A quién se le ocurrio por primera vez comerse una patata?
En el caso de la cerámica yo siempre me he imaginado que un grupo de sapiens (confieso que no puedo ubicarlo en el tiempo) tras un festín, removiendo los restos de una hogera descubre que se ha formado un material duro en el fondo, como consecuencia del calor aplicado a los materiales arcillosos del suelo. De ahí en adelante, prueba y error hasta nuestros días, porque en el caso de la cerámica el método científico se ha aplicado al revés, una vez dominada la tecnología y con intención de entender qué ocurría en el proceso.
Y en efecto, cada maestrillo usaba su librillo para elaborar la cerámica, con la suerte de que ahora podemos identificar muy bien qué componentes se usaron, la temperatura a la que se llevaron y la atmósfera en la que se trataron. Y esto, claro, nos suele llevar hasta el maestrillo en cuestión. Incluso puede redefinir las fronteras entre los tipos de creaciones, abriendo debates en torno a si una u otra obra pertenece a un estilo u otro.
Ah, por cierto, espero que acostumbrada a medir el tiempo en eones, disculpes el retraso de esta respuesta!
Biomimética « Blog de piratas de la ciencia dice:
28 May 2013
[…] de cálculo de los ordenadores, ha sido desvelada. Estamos ahora más cerca de poder imitar este nanocomposite natural que teníamos tan a mano. ¿A que eso de copiar ya no suena tan mal? Bookmark on […]