El otro día estuve por allí visitando bodegas y nos quedamos con las ganas de visitar el poblado, y mira que estuvimos cerca. Eso si, el paisaje espectacular. Lugar perfecto para ruta motera con picnic.
Guillermo, qué paseo más delicioso a la par que amargo. No he estado en els Alforins, me queda pendiente. Tantos años en Valencia, me la quiero como mía y tanto que me falta por ver. Las Arenas me recuerda a buenos carteles, el que Josep Renau le dedicó y me conduce a la novela “Son de mar” de Manuel Vicent. Eso era Las Arenas, no lo que hay ahora. Venderse es lo que ha pasado. Como un servicio público se privatiza, aquello conseguido entre todos pasa a manos de unos pocos, el privilegio y el sacar pecho de una sociedad se lo acaban quedando los que tienen el poder. Y qué pena! Por suerte la horchata sigue siendo del pueblo, esas tardes con una horchata mixta, la brisa que calma el calor, unos buenos fartons y la huerta pintando el paisaje.
Nos lo están poniendo difícil para creer en nosotros mismos, se lo están cargando todo y al final minan cualquier expectativa.
¿Qué pasa Eva? Pues sí, supongo que los valencianos, como sucede en todas partes, somos capaces de lo mejor y de lo peor. Me encanta encontrarme con gente fuerte que amamos nuestra tierra, como por ejemplo pasa con los escoceses o los vascos, o también los toscanos y los valencianos. No creo que sea una cuestión de orgullo patrio desmedido. Esas cosas siempre me suelen oler a compensación positiva de trastornos que, precisamente, están más asociados a todo lo contrario: poca autoestima. Ese amor tranquilo, sin necesidad de exaltaciones, y que también admite la autocritica. Pero claro, autocritica que deja espacio a reconocer lo bueno. Joder, el puñetero equilibrio ese del que tanto hablamos.
Por ejemplo, me parece increíble que en Valencia haya habido distribuidores de naranja que la compren en el exterior, y la etiqueten luego aquí como si fuese valenciana. Eso es, ni más ni menos, que miseria promovida por miserables. Pasta por la pasta, por encima de lo que haga falta.
Sin embargo, ayer mismo, en el terreno de la música me sucedió algo distinto. Fui con una amiga a lo que se suponía que era un concierto de flamenco, pero que al final resultó ser mas bien un pseudo-concierto de pseudo-flamenco. Más que nada porque era gente, perdón por los prejuicios, modernita (ni medio gitano por la contorná), que se arrejuntó alrededor de unos sofás. Como fiesta de amigos tenia buena pinta. Como concierto flamenco … La cuestión es que mi amiga, un poco chafada empezó a criticar que en Valencia tenemos la sangre de ortxata, que se nos va la fuerza, que es más el decir que haces, que el hacer. Coño, y muchas veces es verdad. La charla seguía mientras nos dirigíamos a otro pub que tenían programado otro cocnierto de flamenco. Llegamos allí, empezó el concierto y nos quedamos flipando. Una cantaora con una voz impresionante y una guitarra más que notable. Mucha, mucha profesionalidad. Pues eso, critiquemos, que hace falta, pero el talento está, y sobrado.
La relación de Valencia con la música supongo que es un tema enorme y multiple. Hablo de mi experiencia. Me parece por ejemplo increíble que se haya difundido la costumbre de que si un grupo quiere tocar en un garito, por muy cutre y mal acondicionado que sea, tenga que pagar el grupo a la sala del orden de 150 euros mínimo. Claro, los locales, ante la situación y la falta de ayuda, se cubren las espaldas. Pero, mucho ojo, esa excusa sirve muchas veces para dar alas, otra vez, a la miseria y a los miserables. Con tres duros mataos pongo un local de mierda que no tiene ni equipo ni prácticamente escenario, y ahora encima me saco pasta de las bandas sin riesgo. M I S E R A B L E S. Por cierto, hablando de musica, he descubierto al grupo The Bright, escribo ahora mientras escucho Hexágonos. No son valencianos, pero si españoles. Geniales !!
Pues eso, con estas dinámicas de mierda no se promociona la música, sino que se lapida. Y de la música pasamos a cualquier aspecto cultural. La riqueza cultural es alimento para futuras innovaciones y para el desarrollo, y eso se conecta fácilmente con la creatividad en ciencia, y también en arte, en filosofía, en tecnología … TODO ESTA CONECTADO.
Por todo esto, y porque en esta región, como en todas, hay mucho talento, desarrollémoslo y apoyémoslo. Anda que no da gusto ver cuando funciona ¡!.
G.
P.D: Ese cartel de Renau me encanta ¡¡, había pensado en ponerlo como imagen, pero el paisaje dels Alforins ganó. Joder, es que mucho donde elegir. Y de Manuel Vicent, tenía esta columna también pendiente, que no sé si es poesía, si es crítica social, si es una descripción del mediterráneo, o un círculo matemático que aparentemente empieza y acaba igual, pero no acaba exactamente igual, o también un empuje de energía para los que trabajamos dia a dia. Un texto que dice muchas más cosas de las que se leen solo palabra a palabra.
4 comentarios
Paloma Vidal Matutano dice:
12 Apr 2013
Muy bueno el paseo por las “A”. Muy cerca de Fontanars dels Alforins, con la A de “Alcuses”, desprendiendo historia:
http://www.youtube.com/watch?v=-UJ9ioQ7Fv0
Guillermo Muñoz Matutano dice:
12 Apr 2013
Efectivamente Paloma,
El otro día estuve por allí visitando bodegas y nos quedamos con las ganas de visitar el poblado, y mira que estuvimos cerca. Eso si, el paisaje espectacular. Lugar perfecto para ruta motera con picnic.
Eva Alloza dice:
12 Apr 2013
Guillermo, qué paseo más delicioso a la par que amargo. No he estado en els Alforins, me queda pendiente. Tantos años en Valencia, me la quiero como mía y tanto que me falta por ver. Las Arenas me recuerda a buenos carteles, el que Josep Renau le dedicó y me conduce a la novela “Son de mar” de Manuel Vicent. Eso era Las Arenas, no lo que hay ahora. Venderse es lo que ha pasado. Como un servicio público se privatiza, aquello conseguido entre todos pasa a manos de unos pocos, el privilegio y el sacar pecho de una sociedad se lo acaban quedando los que tienen el poder. Y qué pena! Por suerte la horchata sigue siendo del pueblo, esas tardes con una horchata mixta, la brisa que calma el calor, unos buenos fartons y la huerta pintando el paisaje.
Nos lo están poniendo difícil para creer en nosotros mismos, se lo están cargando todo y al final minan cualquier expectativa.
Guillermo Muñoz Matutano dice:
13 Apr 2013
¿Qué pasa Eva? Pues sí, supongo que los valencianos, como sucede en todas partes, somos capaces de lo mejor y de lo peor. Me encanta encontrarme con gente fuerte que amamos nuestra tierra, como por ejemplo pasa con los escoceses o los vascos, o también los toscanos y los valencianos. No creo que sea una cuestión de orgullo patrio desmedido. Esas cosas siempre me suelen oler a compensación positiva de trastornos que, precisamente, están más asociados a todo lo contrario: poca autoestima. Ese amor tranquilo, sin necesidad de exaltaciones, y que también admite la autocritica. Pero claro, autocritica que deja espacio a reconocer lo bueno. Joder, el puñetero equilibrio ese del que tanto hablamos.
Por ejemplo, me parece increíble que en Valencia haya habido distribuidores de naranja que la compren en el exterior, y la etiqueten luego aquí como si fuese valenciana. Eso es, ni más ni menos, que miseria promovida por miserables. Pasta por la pasta, por encima de lo que haga falta.
Sin embargo, ayer mismo, en el terreno de la música me sucedió algo distinto. Fui con una amiga a lo que se suponía que era un concierto de flamenco, pero que al final resultó ser mas bien un pseudo-concierto de pseudo-flamenco. Más que nada porque era gente, perdón por los prejuicios, modernita (ni medio gitano por la contorná), que se arrejuntó alrededor de unos sofás. Como fiesta de amigos tenia buena pinta. Como concierto flamenco … La cuestión es que mi amiga, un poco chafada empezó a criticar que en Valencia tenemos la sangre de ortxata, que se nos va la fuerza, que es más el decir que haces, que el hacer. Coño, y muchas veces es verdad. La charla seguía mientras nos dirigíamos a otro pub que tenían programado otro cocnierto de flamenco. Llegamos allí, empezó el concierto y nos quedamos flipando. Una cantaora con una voz impresionante y una guitarra más que notable. Mucha, mucha profesionalidad. Pues eso, critiquemos, que hace falta, pero el talento está, y sobrado.
La relación de Valencia con la música supongo que es un tema enorme y multiple. Hablo de mi experiencia. Me parece por ejemplo increíble que se haya difundido la costumbre de que si un grupo quiere tocar en un garito, por muy cutre y mal acondicionado que sea, tenga que pagar el grupo a la sala del orden de 150 euros mínimo. Claro, los locales, ante la situación y la falta de ayuda, se cubren las espaldas. Pero, mucho ojo, esa excusa sirve muchas veces para dar alas, otra vez, a la miseria y a los miserables. Con tres duros mataos pongo un local de mierda que no tiene ni equipo ni prácticamente escenario, y ahora encima me saco pasta de las bandas sin riesgo. M I S E R A B L E S. Por cierto, hablando de musica, he descubierto al grupo The Bright, escribo ahora mientras escucho Hexágonos. No son valencianos, pero si españoles. Geniales !!
Pues eso, con estas dinámicas de mierda no se promociona la música, sino que se lapida. Y de la música pasamos a cualquier aspecto cultural. La riqueza cultural es alimento para futuras innovaciones y para el desarrollo, y eso se conecta fácilmente con la creatividad en ciencia, y también en arte, en filosofía, en tecnología … TODO ESTA CONECTADO.
Por todo esto, y porque en esta región, como en todas, hay mucho talento, desarrollémoslo y apoyémoslo. Anda que no da gusto ver cuando funciona ¡!.
G.
P.D: Ese cartel de Renau me encanta ¡¡, había pensado en ponerlo como imagen, pero el paisaje dels Alforins ganó. Joder, es que mucho donde elegir. Y de Manuel Vicent, tenía esta columna también pendiente, que no sé si es poesía, si es crítica social, si es una descripción del mediterráneo, o un círculo matemático que aparentemente empieza y acaba igual, pero no acaba exactamente igual, o también un empuje de energía para los que trabajamos dia a dia. Un texto que dice muchas más cosas de las que se leen solo palabra a palabra.
http://elpais.com/elpais/2013/04/06/opinion/1365274695_683829.html